
Mark de Bia-ia
Mark es uno de los antagonistas más temibles de Bida-ia. Miembro de un grupo de caníbales que deambula entre ruinas y desechos humanos, su nombre se pronuncia con miedo incluso entre los suyos. No solo es fuerte y violento; es alguien que ha hecho del sufrimiento ajeno una forma de culto. En un mundo donde la moral se ha extinguido, Mark encarna la corrupción absoluta de lo que una vez fue humano.
A diferencia de otros caníbales que matan por necesidad, él lo hace por placer. Su forma de mirar, calmada y vacía, anticipa lo que está por venir: no grita, no se enfurece, simplemente actúa. Detrás de su apariencia tosca hay un fanático que cree en un tipo de “purificación” a través del dolor y la carne. Lo suyo no es la supervivencia, sino el control total sobre la vida y la muerte.
La brutalidad con Kimera
El punto más oscuro de Mark llega cuando, tras ser herido en el combate con Siesta y Kimera, logra sobrevivir. Tiempo después, cuando Kimera traiciona a Siesta para robarle el arma, Mark reaparece —herido, pero vivo— y la atrapa con una violencia salvaje.
La golpea, la somete y comete uno de los actos más crueles del manga: abusa de ella delante de Siesta, que está atado e indefenso .
Ese momento marca un antes y un después en la historia: no solo por la brutalidad, sino por lo que representa.
Mark no lo hace por deseo, sino como parte de un ritual oscuro que mezcla placer, odio y devoción al caos. Después, asesina a Kimera y realiza con su cuerpo un rito macabro, utilizando su sangre como ofrenda, mientras murmura palabras incomprensibles.
Antes de marcharse, deja la cabeza de la chica colgada ante Siesta, como una burla y una advertencia.
Es el acto más impactante del tomo, el que rompe por completo a Siesta y lo convierte en la figura fría, decidida y vengativa que veremos más adelante.

Simbolismo y poder
Mark representa el extremo opuesto de Siesta. Donde el protagonista conserva una chispa de humanidad, Mark la ha perdido por completo. Es el eco del caos que queda cuando los dioses se olvidan del mundo.
No se guía por hambre ni venganza, sino por una fe distorsionada que lo lleva a creer que, con cada sacrificio, se acerca más a la “oscuridad divina” que adora.

Su ritual no es casual: anticipa la conexión entre los humanos y las Armaduras Divinas, y su obsesión con la sangre presagia que su destino podría estar ligado a ese poder, aunque de manera corrompida.
Mark de Bia-ia
Características destacadas
